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El dióxido de nitrógeno (NO₂) procede principalmente de la combustión de combustibles en vehículos, calefacción, generación de electricidad e industria. Las cocinas de gas y otros aparatos que queman combustibles también pueden liberarlo en interiores. Contribuye a la formación de ozono y partículas finas en la atmósfera.
El ozono a nivel del suelo (O₃) se forma cuando la luz solar desencadena reacciones en las que intervienen óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles. Sus niveles suelen aumentar con tiempo soleado, y la contaminación puede desplazarse lejos de sus fuentes. El ozono a nivel del suelo es nocivo; es distinto de la capa de ozono protectora situada a gran altura en la atmósfera.